La estabilidad fiscal y monetaria redujo parte de la incertidumbre argentina, pero la inversión continúa como la variable más débil del programa económico. La construcción cayó por el recorte de obra pública y la compra de maquinaria permanece limitada por capacidad ociosa y dudas políticas.
El economista Daniel Artana sostuvo en La Nación que el crecimiento sostenido requiere acumulación de capital y productividad, además de baja inflación. Señaló deudas estructurales en educación, innovación, infraestructura e informalidad laboral que no se corrigen sólo con desregulación.
El análisis también advirtió que la transición pudo tener costos menores con un tipo de cambio de equilibrio más alto y una acumulación de reservas más temprana. Sectores como minería, agro y energía avanzan, mientras otras actividades enfrentan demanda débil y dificultades para financiarse.
El RIGI puede acelerar proyectos, pero sus beneficios fiscales exigen evaluación: una alícuota reducida, amortización rápida y exenciones pueden generar una carga efectiva muy baja. El desafío es convertir estabilidad en inversión sin socializar infraestructura y costos mientras los retornos quedan concentrados.