El Gobierno nacional enfrenta una nueva tensión fiscal: el gasto continúa bajando, pero la recaudación cae a mayor velocidad y obliga a buscar recortes adicionales para sostener el superávit primario. En junio, la Argentina quedó por debajo de la meta acumulada acordada con el Fondo Monetario Internacional.
El País informó que el superávit del primer semestre rondó los 4.900 millones de dólares, frente a unos 5.300 millones previstos. Al mismo tiempo, el gasto primario cayó 2,3 por ciento real interanual, impulsado por la obra pública, las transferencias a provincias y el gasto de capital.
El problema está en la composición de la actividad. Hidrocarburos, minería, agro y finanzas muestran dinamismo, pero industria y comercio siguen débiles. Estos últimos aportan una parte central del IVA y Ganancias, de modo que su enfriamiento reduce los ingresos tributarios.
Profundizar el ajuste puede corregir una planilla y agravar el origen del desvío si vuelve a golpear consumo, producción y empleo. Para San Juan, menos transferencias y obra pública significan menor margen provincial. La sostenibilidad fiscal requiere equilibrio, pero también una base productiva capaz de recaudar sin recortes permanentes.