El grupo belga Carmeuse adquirió el 80% de Caleras San Juan, mientras un empresario local conservará el 20%. La operación cambia el control de una compañía vinculada a un insumo estratégico para minería e industria.
La llegada de capital internacional puede ampliar capacidad y tecnología, pero debe explicarse qué ocurrirá con empleo, proveedores y decisiones locales. Una compra accionaria no garantiza por sí sola nuevas inversiones.
Las autoridades de competencia y la Provincia deberían seguir compromisos productivos y ambientales. La concentración empresarial merece evaluación, especialmente en una cadena que será cada vez más relevante para los proyectos de cobre.