Más del 58% de los hogares utiliza algún tipo de crédito para sostener sus gastos, de acuerdo con un relevamiento difundido por Tiempo de San Juan. El dato aparece junto con un nivel elevado de incumplimiento y muestra que el endeudamiento dejó de estar asociado sólo a compras extraordinarias.
Tarjetas, préstamos, billeteras y mecanismos informales cubren cada vez más necesidades del presupuesto mensual. La dependencia es especialmente marcada en algunas regiones del país y expone a las familias a tasas y recargos muy diferentes.
El acceso al financiamiento puede amortiguar una caída temporal de ingresos, pero se vuelve una señal de fragilidad cuando paga alimentos, servicios o alquiler de manera persistente. La refinanciación sucesiva posterga el problema y aumenta el costo futuro.
La mejora no depende únicamente de bajar tasas: requiere ingresos que recuperen poder de compra, información clara y límites a prácticas abusivas. Sin esos cambios, el crédito funciona como sustituto del salario y no como herramienta de inversión familiar.