El Ministerio de la Escucha funciona desde hace tres años en la Catedral San Juan Bautista como un espacio gratuito y confidencial para personas que necesitan hablar sin ser juzgadas. La iniciativa es abierta a toda la comunidad, independientemente de la fe de quien se acerque.
El servicio surgió cuando el sacerdote Andrés Riveros observó que muchas personas llegaban al confesionario para contar problemas personales antes que cuestiones sacramentales. Un equipo de voluntarios recibe una formación de seis meses para acompañar desde la escucha y orientar, si aparece una situación límite, hacia redes profesionales o estatales.
Las responsables consultadas por Diario 13 aclararon que no se trata de terapia ni de un proceso de seguimiento. Entre los temas frecuentes mencionaron falta de empleo, deterioro de la autoestima, conflictos familiares, violencia, adicciones, riesgo de suicidio y soledad profunda.
El dispositivo atiende de lunes a sábados, de 10:30 a 12 y de 18 a 19:30. Su aporte comunitario es valioso, pero su propio límite debe permanecer claro: la escucha puede ser una primera puerta de contención y derivación, no un reemplazo de la atención psicológica, psiquiátrica o de emergencia cuando existe riesgo.