San Juan ingresó en el período de mayor riesgo de heladas tardías para vides, frutales y olivos. Entre fines de agosto y noviembre, una sola madrugada con temperaturas bajo cero puede dañar brotes y comprometer el rendimiento de toda una campaña.
Diario de Cuyo consultó a un docente de climatología agrícola de la Universidad Nacional de San Juan para explicar por qué agosto y septiembre son meses críticos. El peligro depende del estado de desarrollo de cada cultivo, la duración del frío y las condiciones particulares de cada finca.
El impacto no es solamente agronómico: una merma de producción alcanza a trabajadores rurales, bodegas, empaques y exportadores. Los sistemas de defensa pueden reducir daños, pero requieren inversión, energía y decisiones rápidas que no están al alcance de todos los productores.
La gestión del riesgo necesita pronósticos localizados, capacitación y herramientas financieras para pequeños y medianos establecimientos. Sin ese apoyo, la variabilidad climática amplía la distancia entre quienes pueden proteger su producción y quienes quedan expuestos a perderla.