El crecimiento de la minería argentina está ampliando una cadena logística que comienza antes de que las máquinas lleguen al yacimiento. Bienes de capital, repuestos e insumos deben coordinarse desde la orden de compra hasta su liberación aduanera, con tiempos que cambian según la urgencia operativa.
En una entrevista publicada por Infobae, el despachante de aduana Fernando Prisco explicó que las cargas críticas pueden viajar por vía aérea, mientras que los equipos menos urgentes se trasladan por mar o desde países limítrofes. Estados Unidos, China, Europa y el Mercosur aparecen entre los principales orígenes.
La importación cumple una función productiva porque abastece plantas que luego exportan oro, plata, litio o cobre. Sin embargo, esa dependencia también expone a los proyectos a demoras documentales, costos logísticos y fallas de coordinación; en el caso del litio, además, la carga exige controles especiales para evitar humedad y manipulación inadecuada.
Para San Juan, donde varios desarrollos cupríferos demandarán equipos de gran porte, el desafío es convertir ese flujo en capacidad local. Mejor infraestructura, trazabilidad aduanera y proveedores preparados pueden reducir costos, pero la política pública también debe medir cuánto valor queda en transporte, mantenimiento y servicios argentinos.