La baja de la inflación modificó el peso real de las deudas familiares: las cuotas ya no se licúan con rapidez y deben pagarse con ingresos que no siempre se recuperaron al mismo ritmo. Ese cambio ayuda a explicar el aumento de la morosidad bancaria y comercial.
El economista Sebastián Cao señaló a Infobae que un préstamo personal mantenía en julio un costo financiero total cercano al 120% anual, parecido al de marzo de 2024, mientras la inflación interanual bajó de alrededor de 250% a 33%. En términos reales, financiarse se volvió mucho más caro.
El crédito creció de cerca de 6% a 12% del PBI y aproximadamente la mitad se dirigió a familias, incluidas personas de mayor riesgo. Cao agregó que impuestos, encajes y riesgo explican parte de la diferencia entre las tasas que pagan los bancos y las que cobran.
La educación financiera es necesaria, pero no alcanza para trasladar toda la responsabilidad al deudor. Entidades y reguladores deben transparentar el costo total, evaluar capacidad de pago y ofrecer reestructuraciones sostenibles antes de que una promoción de consumo termine en exclusión financiera.