El dólar mayorista cerró en $1.496,50 y se mantuvo debajo de la barrera de $1.500, pero la estabilidad coincidió con una fuerte restricción de liquidez y un aumento de las tasas en pesos. La caución a un día llegó al 25% anual y los instrumentos de corto plazo volvieron a rendimientos similares a los de comienzos de mayo.
Según el análisis de mercado publicado por Infobae, el Banco Central moderó la absorción de pesos y redujo sus compras de divisas: adquirió apenas US$54 millones en tres ruedas, frente a US$226 millones durante toda la semana anterior. Las reservas brutas superaron los US$50.000 millones, aunque las netas siguen siendo considerablemente menores.
La escasez de pesos ayudó a contener los dólares financieros, pero presionó sobre el crédito, la mora y los cheques rechazados. Los bonos soberanos cayeron, el riesgo país subió a 428 puntos y el índice Merval retrocedió 1%, pese a un contexto internacional más favorable.
El episodio muestra que la calma cambiaria tiene costos cuando depende de tasas elevadas y liquidez escasa. Sostener el peso a fuerza de encarecer el financiamiento puede enfriar todavía más la actividad. La política económica deberá probar que puede acumular reservas y estabilizar el mercado sin convertir al crédito productivo y al consumo en variables de ajuste.